<< >>Quién es Liniers? por liyo

lunes 31 mar 2008 a las 23:32hs | Categoria: Información General << Información


Liniers es el segundo nombre de Ricardo Siri (nacido en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1973). Empezó haciendo fanzines. Sus trabajos aparecieron en la revista Rolling Stone, Spirou, La Mano y otras que no se acuerda.
Publicó libros recopilando sus historietas en La Nación (macanudo 1 a 4), una recopilación de historietas publicadas en el Suplemento No de Página 12 (Bonjour), un libro para niños (Lo que hay antes de que haya algo), y uno sobre sus cuadernos de bocetos (Cuadernos). Algunos de estos libros están publicados en España y próximamente en Canadá, Brasil y Perú.
Realizó algunas muestras de pintura: Macanudo (Ludi 2001), Mono en Bicicleta (2003), Cuadernos (2006), Estudio Abierto (2006).
Hizo la tapa del disco de Kevin Johansen, Logo.
Ganó una beca para ir a Canadá, donde residió durante unos meses.
Está casado, contento y fue a la Antártida.
































Su tira Macanudo es el último fenómeno de la historieta argentina, con un espontáneo séquito de admiradores que no cesan de sorprenderse. Estudió y dejó derecho y publicidad para lanzarse a ofrecer sus “dibujitos”, y hoy quieren editarlo en España. El talento del absurdo y la ternura de un tipo a quien, asegura, la suerte agarró trabajando.

Si la lógica social valora los actos con el único criterio de la rentabilidad del capital, entonces Liniers desborda lo dado: con sus dibujos, hace sentir, hace pensar. Macanudo, su tira diaria en La Nación, es un universo tierno, triste, gracioso, delirante, poblado por duendes, pingüinos con paraguas, una niña solitaria, “gente que anda por ahí”, entre algunos de los personajes que salvan de la saturación cotidiana la delicadeza de lo simple.
Artista de la generación post dictadura, Ricardo Liniers Siri dibuja hombres con moño y sombrero y mujeres con pollera. El culto en torno suyo generó la publicación (por De la flor) de dos volúmenes de Macanudos seleccionados, que una editorial española ya quiere lanzar, y la inminente aparición del compilado de Bonjour, la tira que hizo en el suplemento No de Página 12. Además de fotologs y foros virtuales donde sus lectores comparten impresiones.
Con sensibilidad lúcida en sus pinceles, registra desacomodos, plenitudes, extrañamientos con el mundo, y así ofrece herramientas para mirar de otro modo a las personas y a la ciudad. Un cachetazo tierno al estado de ánimo, cada vez más elegido para empezar desayunos.

La historieta es un arte que combina artes. ¿Desde dónde pensás los chistes?

La historieta tiene lo mejor de dos mundos que me encantan, la plástica y la literatura; al mismo tiempo, algo de cine, de lo que también soy fanático. Las influencias vienen de todos lados, incluso de la música. Pero no tengo una forma establecida de trabajar, más bien al contrario: me baso en explorar todas las vetas y mecanismos que se me ocurran. Cada vez que vislumbro una arista diferente de humor, intento hacer un personaje para explotarla.
Lo que sí tengo claro, a partir de leer y analizar muchas historietas, es que la parte gráfica es esencial. En la primera mitad del siglo 20 había un cuidado increíble, porque les daban una página entera, pero eso se fue perdiendo.

¿Cómo cuidás la calidad de la tira?

Incluso los dibujos simples son elaborados, porque pasé muchos años buscando la forma en que quería dibujar. Por otro lado, intento aprovechar la frecuencia diaria para hacer un trabajo de pensar, de diseñar la tira, los personajes, examinar todos los costados de la historieta que me puedan gustar.
De allí el nombre Macanudo: no menciona demasiado claramente a nada ni a nadie, no me ata y puedo poner un chico, historietas absurdas, un robot, a mí mismo, lo que fuere. Al principio era confuso, pero ahora mucha gente entró en sintonía.

¿Cómo te resulta ejercer el humor absurdo en un diario que, por decirlo de algún modo, mantiene las formas?

No sabría cómo imaginar al lector promedio del diario. Mi política es: cualquier idea que me aparezca en la cabeza que me parezca interesante, la tengo que hacer. Ni siquiera necesito que sea graciosa. Nunca subestimo al lector pensando que no puede entender algo que yo sí, me considero un tipo promedio, así que al menos la mitad entenderá.
Si bien el público es tan variopinto que no puedo suponer códigos compartidos a priori, también creo que lo conservador del diario potencia el efecto descolocante de la tira.

¿No necesariamente graciosa pero sí humorística? ¿Qué buscás hacerle a los lectores?

Más que hacer que la gente se ría, lo que quiero es cambiarle el estado de ánimo. Yo trabajo sobre los humores en general: bueno, malo, cómico, reflexivo, deprimido, etcétera. Ese humor es el que maneja la tira.
El efecto que más busco es el del final de Tiempos modernos: después de perder mil veces el trabajo, ella llora y él, que camina feliz de la vida, le hace un gesto para que sonría, y se van los dos riendo. Esa confusión emocional entre la ternura, la tragedia, la gracia, me pone la piel de gallina y creo que contiene toda la filosofía de Chaplin contenida.

¿Con qué otros humoristas hiciste experiencia?

Cuando apareció Alfredo Caseros con Cha Cha Cha, no podía creer lo que veían mis ojos. También Les Luthiers, Seinfeld, Ren & Stimpy, Monty Python, Fontanarrosa, Quino, muchísimos. La clave está en la sorpresa, es la que puede arrancarte la carcajada. Si ya sabés por dónde viene, la cachetada no sacude tanto. Mi trabajo de basa en la capacidad de sorprenderme.

¿Con Los Simpson tenés relación?

Ellos me enseñaron que hay que laburar a distintos niveles para que sea más rico el producto. Un capítulo suyo te encanta a los diez años y también a los treinta. Tienen referencias oscurísimas a personajes históricos, del arte clásico y moderno que, a quienes se dan cuenta, les suma, y a los chicos no les estorba, porque ya están enganchados con la animación y la historia.
Dejó de tener sentido la idea de dibujos para chicos; a ellos ya les gusta porque es dibujito, entonces es fácil hacerlo para todos.

¿Cómo buscás la sorpresa?

Recurro mucho a la infancia, cuando todo te sorprende. El día que me dieron una fotocopia por primera vez no lo podía creer, y me la llevé a casa y la guardé. De grande perdés esa sorpresa total. Yo la encuentro en el cine, en la historieta, en la música. Ya no en los adelantos tecnológicos, porque también estás esperándolos.
Los contrastes son muy importantes para generar sorpresa. Odio el chiste de la mala palabra, el humor tipo Canal 9 que consiste en decir “je je, culo”; no es gracioso porque sí decir culo. Lo hace muy bien South Park, donde está perfectamente equilibrada la ternura de los chiquitos, la inocencia asociada a la infancia, con las barbaridades que dicen.

¿Cuál es el papel del humor en el sentido de la vida, tanto de quien se dedica a él como de la gente en general?

Para mí la vida sería una cárcel sin humor; el mejor momento del día es cuando es clarísimo que me estoy divirtiendo. Me parece que van a pasar mil cosas espantosas, pero que la única manera de zafarla es si te reís.
Por eso también rescato el cinismo, Barcelona, por ejemplo. Me encanta el humor de los tipos que van con los tapones de punta, desaforados. Creo en la fórmula de Chaplin: humor es tragedia más tiempo.
No hay algo de lo que uno no pueda reírse, porque no necesariamente reírse es negarle importancia. Roberto Benigni hizo La vida es bella y no menospreciaba el holocausto, se reía como mecanismo de defensa. Había sucedido lo más siniestro que puede pasar; el ser humano no se hunde más abajo que un genocidio. Si te podés llegar a reír con eso, sobrevivís.

¿Es esa vitalidad del humor lo que hace que tanta gente lea Macanudo antes que las noticias?

Descomprime, porque las noticias siempre son gigantes y malas. La única buena es que un taxista devuelve tres mil pesos, pero no es noticia un día común y feliz de un tachero. Hay una afición a la mala noticia muy extraña. Personalmente, ya ni compro el diario, igual te enterás de todo.
Además, no sé si es sana esa obsesión de saber todo el tiempo lo que pasa en todos lados, no sé si las noticias son más importantes que Moby Dick o Salinger o si forman más parte de mi vida que el pájaro que canta en mi ventana.
Ahora, si bien busco enfocar en lo lindo que está cerca y olvidamos, también valoro señalar la llaga, fijarse en las cosas horribles que pasan a diario. Hay personas tiradas en el piso y nadie les ofrece una mano, podrían ser cadáveres y la gente tardaría en darse cuenta. Creo que es la dinámica de esta ciudad, y Macanudo también intenta hacerle una fisura, humanizar a la gente.

¿Descargas en la tira reacciones contra cosas que te molestan?

Sí, por eso dibujo tanto el campo y los árboles y muestro una ciudad usualmente hostil. Pero no estoy de acuerdo con que la afeen los graffitis, ni el stencil; lo que me afea la 9 de Julio es un fulano de cuarenta metros en calzoncillo, recién salido del gimnasio, con una rubia raquítica acercándosele, deseosa. No he visto en otra ciudad tan poca protección a la belleza urbana frente al marketing.
De las modelos también me río, no tanto por ellas sino porque, como dice Woody Allen, un buen termómetro para observar una sociedad son las figuras que elige celebrar. Con canales que pasan biografías de minas sólo porque son lindas, estamos en problemas.





















Las horas de la mañana siempre son más rendidoras, pero nunca se sabe ciertamente cuándo aparecerá el deseo de dibujar. En su departamento céntrico nada se tira a la basura, porque todo se termina integrando de algún modo al universo aparte que componen sus personajes: duendes, ovejas y pingüinos parlantes (por esa manía de personificar a las especies y privar a la historieta de nombres propios), la niña Enriqueta, el robot sensible, la aceituna ocurrente y la bola troglodita entre el repertorio de criaturas que se desentienden de la unidad narrativa y la continuidad de las historias. En el mundo de Liniers (de nacimiento Ricardo Siri, descendiente lejano del Virrey), el “yo interior” se manifiesta en el lugar menos pensado: objetos, animales, gente sola que piensa mucho y se regodea en sus emociones más de lo que las comunica.

Su libro más reciente Cuadernos 1985-2005 (Ediciones Larivière) es un viaje al origen de las criaturas que deleitan en las historietas Macanudo y Bonjour (que se publicó en el suplemento NO de Página/12, entre 1999 y 2002) en el que se despliegan bocetos, dibujos no terminados, ideas recién plasmadas como si lo que se hiciera pública fuera la reedición de sus cuadernos Gloria en los que se evadía durante la escuela primaria. “Los cuadernos –se lee a modo de prólogo– sirven para todo... para jugar, para dibujar sin pensar, sólo por el placer de hacerlo... en los cuadernos vale todo...”

Todos, en algún momento, se habrán sentido como Liniers en las clases de gimnasia, que fueron la génesis de todo. Allí lo descartaban sistemáticamente de los equipos de fútbol, y él se escapaba a las páginas lisas en las que despuntaba su obsesión cinéfila, comentando desde el dibujo films como Tiburón o La guerra de las galaxias. El viaje al pasado y al origen que proponen estas páginas recién editadas, que lo consagran luego del éxito de sus dos ediciones de Macanudo como un autor más allá de su intervención en medios masivos, habilita la pregunta: ¿cómo empezaron las criaturas sensibles que viven en sus cuadritos? “Tengo un montón de cuadernos: desde el quinto grado. No puedo estar tirando a la basura ni tonterías. Si estoy desesperado acudo a la tontería.” Igualmente, Liniers en Macanudo (la tira que publica en La Nación) es un maestro en el arte de tematizar su propia falta de ideas, que se revisita como el camino del antihéroe en crisis existencial, aunque siempre como un juego porque “tener ideas es fácil, lo difícil es que sean buenas”.

Su autorretrato respeta una honestidad brutal que forma parte de un pacto entre Liniers y su otro yo: ni cancherito ni cínico, sino con la guardia baja, empezando por su personificación como conejo con anteojitos. “Ya en Bonjour –recuerda sobre su trabajo en Página/12– me dibujaba con pelo negro y anteojos, aunque con vergüenza, y por eso los personajes me estaban agrediendo, o yo mismo volvía al ejercicio de la autohumillación. Tal vez las orejas de conejo sean el homenaje a todos los dibujantes que se dibujan como bichos, desde Matt Groening (un conejo) a Art Spiegelman (un ratón). Los dibujantes vimos muchos dibujitos con animales que funcionan como personas. Pero la nueva psicodelia ahora está creciendo en los chicos que están viendo las 24 horas por día el canal Cartoon Network.” No tiene ningún reparo en mostrar el trabajo no terminado, tal vez porque –como lector– le gustaría ver bocetos de Quino o Fontanarrosa para conocer el proceso de la creación; los espiaría por encima de sus hombros. Eso mismo se puede hacer con Liniers, quien –de establecerse un parecido con la ficción– estaría muy cerca de la cruza entre el Max Fischer de Tres son multitud (esa joyita dirigida por Wes Anderson, uno de sus ídolos) y su propia criatura Z 25, El robot sensible, con la emoción contenida que se escapa inevitablemente y lo torna levemente “inadecuado”. La lectura de los Cuadernos transporta a sus primeros hobbies...

–Cuando era pendejo –dice Liniers– no existía el concepto de video. A la película la veías en el cine y después se iba de tu vida para siempre. Por eso mis primeras historietas son de La guerra de las galaxias. El secreto eran los rayos láser; no estaba acostumbrado a esas espadas, y supongo que iba por ese lado. Me acuerdo de dibujarlo haciendo los ruiditos de las batallas.

Lo mismo que los otros chicos hacían con muñequitos...

–Sí, pero esto era lo que se podía hacer en vez de estudiar. Y es lo mismo que hago ahora: el movimiento y la idea de que alguien tiene que ganar en lo que dibujo están pasando frente a mis ojos mientras trabajo. Los personajes tienen una autonomía. Cuando dibujaba una nave y estaba explotando, pasaba en serio.

¿Y cuándo fue que esas criaturas se volvieron emocionales?

–En esa época eran pura aventura. Después, de grande, con un par de fracasos amorosos, entendí dónde estaba el dinero. Sabía que no era el único que sufría.

Hoy que se editan los Cuadernos 1985-2005, que se explayan sobre el origen de las cosas, es tiempo de emprender junto al dibujante ese mismo viaje. Si se piensa a sí mismo como un fundador, no referirá a la técnica de personajes variables o a la interrupción de una narración lineal, que aquí se ve alterada por sus estados de ánimo o iluminaciones de cada día, sino a la capacidad de personificar a las especies. Los conejos, por ejemplo, aparecieron como revisión de una escena de los Monty Python (en Los caballeros de la mesa cuadrada), en la que el grupo partía rumbo a la cueva en la que vivía un monstruo y se encontraba con un conejito blanco. Pero ese conejo tan dulce se los devoraba a todos, justo en el tono que Liniers elige para sus bestias: o de aspecto despiadado pero desesperados por tener un amigo o de imagen reblandecida e interioridad salvaje.

Cuando aparecieron los primeros pingüinos, le divirtió la idea de que sus personajes fueran genéricos y anónimos. “Lo más cercano eran Los Pitufos, pero eran una comunidad cerrada con seres identificados. Lo mismo intenté con las ovejas y con los duendes: es hacer de la especie un personaje.” Algunas especies resultaron más dificultosas que otras, pero el encanto está en cruzar el límite de lo narrable. Ahora hay un público adicto a las aventuras de Oliverio, la aceituna, pero la realidad es que en el mundo de Liniers ésa es una criatura en el mismo peligro de extinción que el delfín blanco. “Ya la hice en la pizza –se lamenta–, la empanada, la picada, con la aceituna negra y el escarbadientes. ¡Hice todo! Cuando se me ocurra otro chiste con la aceituna lo vuelvo a hacer. Pero ya hice hasta a la aceituna huyendo de Clemente. Y ahora las como sintiéndome King Kong.”

¿Cómo fue la génesis de Enriqueta?

–Si hubiese sabido que iba a funcionar, habría hecho a un chico. Aunque en ese caso hubieran dicho que ya existía Matías. Y de hecho a Mafalda la compararon con La pequeña Lulú y con Periquita toda la vida. Siempre hay chiquitos en la historieta. Pero Mafalda es un humor costumbrista, para afuera; se relaciona con el mundo, con los amigos, con ideas políticas y sociales. Enriqueta es el intento de acordarme de qué cosas me pasaban a mí cuando era chico; la sorpresa de ver las cosas por primera vez. Nunca aparece con otra persona, con esa corriente de tristeza que en la comedia me gusta mucho. Como si te acabaras de mudar a otra ciudad y tenés que inventarte que sos amigo de un árbol.

Y sobre los inicios de Z 25, el robot sensible...

–Nació para hacerme chistes a mí mismo; el germen es un robot de la historieta Bonjour, que decía Chau, copado, man. Me río de esos momentos que todos tenemos en el cine, cuando te agarra una congoja patética ante la película cursi que igualmente te emociona; son esos momentos medio ridículos que me hacen investigar sobre un humor puntual. Varios personajes aparecen por la necesidad de investigar esos estados.

Lo mejor de los cuadernos privados de Liniers tal vez esté en la posibilidad de conocer a esas criaturas que no llegaron a nacer, que se esbozaron alguna vez como anticipo de un éxito y no llegaron a crecer ni a publicarse. Ese misterio sobre quién de todos sus chicos tomará vuelo propio sigue siendo el misterio que motiva la práctica. El, por cierto, es consciente de que todo suceso necesita antes del margen de riesgo de un fracaso. A veces él y su público no se ponen de acuerdo. “Te das cuenta de que funcionan personajes que no te hubieras imaginado que andarían bien, como Alfio, la bola troglodita. Y ahora no sé qué hacer con esa pelota que decía huevadas. Y me sorprende que me pidan que lo dibuje.” De los no nacidos, se destaca el boceto del chico vudú, descartado por “el aire demasiado burtoniano”.

“A nadie le gusta que lo vean cuando fracasa”, entiende Liniers que, sin embargo, abre una maravillosa puerta a la felicidad de los desplazados. Sus parejas no pueden vivir uno sin el otro, su niña vive en plenitud aun estando sola, el ser humano está custodiado por faunas deliciosas que abarcan a las ovejas pero también a los duendes. No habrá que confundir esa utopía con un infantilismo dulcificante, ni atribuirle el cliché de la capacidad de sacar el niño interior. Porque Liniers es muchas cosas al mismo tiempo: cronista de viajes ilustrados (el último a la Antártida, en su blog macanudoliniers.blogspot.com, no tiene desperdicio), narrador de ciencia ficción (con su troupe de objetos y animales parlantes), melancólico de una infancia oscuramente dorada (con Enriqueta) e historiador de un pasado más gracioso que el que en verdad existió (con sus fantasías sobre Picasso). Todas esas vidas ocurren a la vez, sin subestimar a nadie en su capacidad de atención y entendimiento, ideando lectores complejos.

Sus lectores ingresan a un mundo en el que nadie tiene maldad...

–Es que yo no conozco tanta gente mala; los ves por televisión, y cada tanto uno tiene el gusto de morirse. Pero en la vida personal, no pasa. Son muchos más los buenos que los malos que conocí, y nadie es completamente bueno o malo. La maldad, para mí, es falta de empatía. A uno le pasa que, viviendo en la ciudad, pasás al lado de gente en situación de desesperación y no les das un peso. La ciudad te genera eso. Un tipo del campo les preguntaría si necesitan ayuda. Cada tanto, conviene golpearnos la máquina y decirnos que si vamos a ser robots, al menos seamos un robot sensible.













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La Nación, todos los días una tira diferente.
AutoLiniers, un blog donde publican las tiras de liniers de La Nación pero sin todo lo demás
Liniers: Cosas que te pasan si estás vivo, blog oficial de Liniers con dibujos inéditos
Por Liniers, sitio oficial de Liniers

Fuentes:
http://lanacion.com.ar
http://soloentrevistas.blogspot.com/2006/10/liniers.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-4797- 2006-12-15.html

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Comentarios

Moopie el lun 31 mar, 23:35hs

muy bueno

Gaby el lun 31 mar, 23:45hs

Liniers
+10

ataud el lun 31 mar, 23:54hs

bien pibe, de a poco te vas superando ajajajajajajajajajajajaj


liyo el lun 31 mar, 23:56hs



santi el mar 01 abr, 11:32hs



Vagoneta el mar 01 abr, 17:53hs

Mortal... el sitio oficial en flash es una masa !




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